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Sergio Avello 

"LO MATERIAL NO CUENTA". Colectiva de Sergio Avello, Eloisa Cartonera, Mariana Ferrari, Sebastián Gordín, Guillermo Iusio, Fabio Kacero, Mondongo, Sandro Pereira, Alfredo Prior. distrito cu4tro, Madrid, España. Del 14 de diciembre de 2006 al 25 de enero de 2007.

 

 

 

 

"ARGENTINA: QUIEN TE QUIERE, QUIEN TE USA".

 

 

¡Quién puede temer a Maradona cuando todos tenemos nuestras propias historias!

 

Por Kevin Power

 

VII
La obra de Sergio Avello es una narración ciberpunk sin palabras, él mismo el cronista fascinado del mundo anodino de la informática, que vive y expresa las fantasías alucinantes de una sociedad tecnológica. Se trata de un arte desorientado donde el diseño es el principal protagonista. Sus obras son como la másica del aeropuerto de Brian Eno, una suerte de másica de fondo insufrible que inevitablemente nos acompaña en los lugares públicos. Entramos en una zona de seducción Baudrillardiana dramatizada con una mezcla de soportes y lenguajes, un mundo de signos y códigos. Aludo al ciberpunk pues me parece un terreno que proporciona lecturas eficaces para la obra de este artista, ya que se trata de un género que se corresponde perfectamente con el mundo semi automatizado del capitalismo tardío. Es algo totalmente natural en un mundo de hackers y expertos en tecnología, quienes buscan formas sociales que puedan transformar el anonimato fragmentario que caracterizó la vida en los guetos industriales electrónicos. En otras palabras, Avello se compromete en la búsqueda de nuevas formas de interacción social. Como Gibson, el decano del ciberpunk, presenta un retrato harto reconocible de nuestro discurso moderno, incluso aunque no podamos descifrar siempre lo que está sucediendo, que sugiere las alargadas e inmensas sombras del cambio social que persiguen a la vida contemporánea, energías a menudo irreconciliables que constantemente han de negociar su existencia. Avello resueltamente propone una visión narrativa del presente y futuro que se asemeja a una cartografía contundente, un sentido de aquello que está por venir, de nuestro entorno contemporáneo y de futuras tendencias. Sabe que el
futuro se ha abalanzado sobre el presente y que el mundo se está dividiendo en subculturas infinitas que poseen sus propios códigos y estilos de vida. En este sentido me gustaría recordar la descripción de las tribus modernas que hace Michael Maffesoli, tribus que se forman y reforman basándose en modos de identificación temporales, o lo que David Thomas ha calificado de “ciborgs clásicos interconectados por hardware” que existen en el ciberespacio como operarios que circulan y cuyos cuerpos están conectados a los computadores para recibir entradas y salidas de información.
La visión ciberpunk del mundo reconoce el hundimiento del espacio público y la privatización creciente de muchos aspectos de la vida social. Avello se ocupa de un paisaje de gestos codificados en normas que se están cuestionando de manera turbulenta.
Las relaciones íntimas y directas, salvo aquéllas con parientes y demás personas importantes, dentro de unos lazos fuertes, son cada vez más difíciles de hacer, ya que hay una lucha explícita por la supervivencia. Reconoce que, a medida que los patrones de la movilidad social y geográfica incrementan la fluidez de la vida social, también desvigorizan la formación de vínculos sociales fuertes. El espectáculo de una cultura de consumo poblada por máquinas humanas bien organizadas pero no totalmente controlables permite un cierto nivel de identidad mientras que al mismo tiempo insiste en que existe un límite para nuestra capacidad de asociarnos con estas figuras. Estamos ante una versión más de la “multitud solitaria”. Tal vez éstas sean las imágenes del encierro precipitado de los sujetos tecnológicos en sus mundos cada vez más tecnológicos, fortificados y privatizados, alejados de de los espacios cada vez más remotos e ingobernables que ocupan aquellos todavía reprimidos. Se hallan en conflicto constante con todo lo que concierne a los orígenes “sociales” de la identidad personal.
Como caso extremo, Avello sugiere que para muchos sólo queda la tecnología. Sería bueno preguntarnos si las descripciones palpitantes y obsesivas de estas máquinas humanas encerradas dentro de una especie de batalla de signos y símbolos tecnológicos vienen a ser un reconocimiento de que empezamos a confiartotalmente en la tecnología para situarnos, y puede que hasta para ser nosotros mismos. øNos está preguntando (como ocurría en Total Recall
de Paul Verhoeven, o en Blade Runner de Ridley Scott) si aun es posible —incluso deseable— definir la frontera entre el humano y la máquina? Tan inseparables somos de nuestras máquinas que se han convertido en extensiones de nuestra identidad? øEstamos fundiéndonos con ellas, cada uno incorporando a la otra, para convertirnos en organismos híbridos, en ciborgs? Las narraciones prácticamente intercambiables de Avello son ficciones de un futuro cercano, del tipo que destaca Richard Pepperell en su “Manifiesto Post-humano” donde afirma: “Todo el progreso tecnológico de la sociedad está dirigido hacia la redundancia de la especie humana tal y como la conocemos hoy… Las máquinas complejas son una forma de vida en estado emergente. Del mismo modo que las computadoras evolucionan para parecerse más a los humanos, los humanos desarrollan su apego a las mismas” (Pepperell, R., The Post Human Condition, Intellect, Oxford, 1995, p.180). En otras palabras, estamos enfrascados en un continuo proceso de prostetización, aumento y ciborgización. Las imágenes de actividad frenética de Avello
sirven de repertorio nuevo para reconfigurar el interfaz tecnológico. Son figuras potentes que nos ayudan a considerar nuestra relación con las máquinas. ¡Si acaso deseáramos localizar a sus compañeros de viaje, deberíamos dirigirnos a las novelas de William Gibson, Bruce Sterling, Lewis Shiner o Greg Bear!


 

 

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