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Sergio Avello
“LED-A" en "Iluminaciones, Contemporáneo 17". Colectiva de Stella Maris, Karina Peisajovich y Matilde Marín. MALBA, Buenos Aires, del 18 de agosto al 2 de octubre del 2006.
Instalación lumínica con participación del público y c
"ILUMINACIONES"
Por Victoria Verlichak
Fulgores intermitentes en la obra de Matilde Marín, Stella Maris y Karina Peisajovich, cuyo núcleo central es la luz artificial como herramienta artística, liberada de los confines de la ciencia y la tecnología. Velado tributo a Walter Benjamin y a la compleja claridad de sus “Iluminaciones”, los ensayos lumínicos aquí reunidos ofrecen acceso a cierta dimensión poética y estética, quizá también emocional y espiritual, antes que a una “iluminación histórica”. Las obras se despliegan sin pretensión de revelar verdad alguna; son apenas un mosaico de fragmentos e intensidades luminosas que precisan de un paseante que deambule morosamente por los espacios de luces y sombras construidos por los artistas.
Los resplandores y vibraciones de las obras revelan tanto como custodian y presentan tres perspectivas inconfundibles acerca de la luz, como medio y forma, concepto y contenido, estimulando dinámicas respuestas sensoriales e intelectuales por parte del espectador. Factor decisivo en el arte, como en el teatro y en la vida, en manos de Marín, Stella Maris y Peisajovich la luz aparece como una experiencia vital y transita entre el hecho estético y su capacidad de provocar emociones, entre la investigación técnica y la seducción.
Stella Maris expresa su formidable sensibilidad en “Leda”, una provocadora instalación lumínica que invita al espectador a jugar. La obra discurre acerca de las posibilidades perceptivas de la luz y el movimiento, de su proyección y de la interacción del espectador. La instalación gira en torno a un mínimo LED (acrónimo inglés de Light-Emitting Diode – diodo emisor de luz), dispositivo que emite luz policromática, que rueda despaciosamente. Situado en el corazón de una columna y adornado cual precioso tesoro, el LED irradia reflejos multicolores, simultáneamente captados por una pequeñita cámara de video, casi oculta, que también toma la imagen del espectador que se acerca a mirarlo. Instantánea celebridad a todos los que se asoman, ya que los rostros y los cambiantes colores son transmitidos y proyectados en tiempo real en una gran pantalla en un espacio oscuro donde también se desarrolla la obra y en un circuito virtual. Con más intimidad que espectacularidad de recursos, “Leda” enciende la imaginación y la magia.